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Te reemplaza la IA. Nada personal
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Te reemplaza la IA. Nada personal

Cómo asegurarte contra la "era de los despidos"

Como sabés estoy compartiendo adelantos de capítulos de un libro que estoy escribiendo sobre Cómo rediseñar tu vida laboral cuando el mundo ya no necesita empleados de tu edad.

Estas son las principales ideas del segundo capítulo:

Hace poco más de un mes Jim Farley, el CEO de Ford, alertó que la IA destruiría el 50% de los empleos administrativos y de gestión. Darío Amodei, el de Anthropic, anuncia que la misma tecnología hará subir la tasa de desempleo al 20% en EEUU y Andy Jassy, de Amazon, le avisa a sus empleados que pueden ser reemplazados pronto por agentes de IA.

Muchos analistas ya especulan que esto es una estrategia deliberada de muchas compañías para asustar a sus empleados e inducirlos a que acepten recortes de salarios o peores condiciones de trabajo.

Quizás sea cierto, pero la verdad es que los despidos masivos ya comenzaron y es cierto también que esas reducciones pueden hacerse gracias a que la IA reemplaza el trabajo en cada vez más áreas.

En las grandes empresas de tecnología esto se nota y mucho. En Julio Microsoft despidió 9000 empleados. Intel 5000. Desde 2022 ya se han perdido medio millón de puestos de trabajo en ese sector.

Esto no es sólo hype.

Entonces, ¿qué? ¿Qué hacemos?

Mucha gente (entre ella los que alertan de esta tendencia), dicen que la clave está en la mayor sindicalización. Trabajadores del mundo, uníos.

No es nueva esa reacción. A lo largo de la historia ha habido luchas sociales y sindicales asociadas a la aparición de tecnología disruptivas. La máquina de vapor, el ferrocarril, el automóvil, etc.

Tampoco es nuevo el rechazo y la tecnofobia.

En la Inglaterra de la Revolución Industrial incluso se acuñó un término para describir estos movimientos: los luditas.

Pero, ¿es injustificada la preocupación de luditas o de cualquier persona que ve en riesgo su empleo? Por supuesto que no, es legítima.

El campo de lo discutible viene cuando comenzamos a hablar de los remedios para esa situación.

La IA está reemplazando cada vez más trabajos pero también está acelerando una tendencia que ya existía: el edadismo.

Es decir, si tengo la posibilidad de hacer funcionar una empresa con menos gente, es lógico que me deshaga antes de aquellos que ya estaban “primeros en la lista” para ser despedidos.

Un +40 o +50 es, por regla general, más “caro” que un empleado con diez o veinte años menos.

Cruel como pueda parecer, nos rasguemos las vestiduras o no, las empresas eligen a quién despedir basadas en esas variables.

Y a la hora de contratar, ¿a quién tomarías? ¿Al más caro o al más barato?

Por eso te decía que esto no es discriminación, en el sentido de que haya una intención deliberada de perjudicar a un segmento de población.

Esto es lisa y llanamente una decisión de maximización de beneficios, lo cual, aunque pueda disgustarte, es lo que vienen haciendo las empresas desde que aparecieron.

En ese sentido: nada nuevo bajo el sol.

Si hablamos de tecnología, además, existe la percepción de que una persona de 20 o 30 está más familiarizada y aprenderá más rápido que uno de 40 o 50. A veces es cierto, aunque no siempre.

Pero estas son las cartas con las que jugamos. ¿Qué se puede hacer?

Una opción es “la lucha”.

Sindicalizarse, protestar, presionar para cambios en la legislación.

Esto último obviamente significa tratar de impedir o demorar la incorporación de la tecnología en las empresas u obligarles a que tomen más gente de la que necesitan o personas de más edad de lo que preferirían.

No es mi opción favorita. Por varias razones que voy a decir más adelante.

La otra opción es: las empresas toman decisiones para maximizar su beneficio... vos también podés hacerlo. Vos también sos una empresa, lo sepas o no. Te hayas dado cuenta o no. Y tenés que pensar y actuar de esa forma.

Esto es un cambio de perspectiva, pero uno gigantesco.

El “truco” es dejar de verse como un CV parlante, que hace entrevistas para que “te elijan” y te digan qué quieren que hagas.

Sos, por el contrario, una empresa unipersonal, que tiene ciertos activos (conocimientos, habilidades, contactos) y vende ciertos servicios.

Cuando te ves de esa manera es cuando empezás a pensar:

  • ¿Cuáles son mis activos más importantes?

  • ¿Cuáles tengo que actualizar? ¿Cuáles debería agregar?

  • ¿Qué servicios vendo? ¿Qué otros podría vender?

  • ¿A quién les sirven? ¿Quién los necesita? ¿Cuánto los necesita?

  • ¿Hay otros servicios que se necesiten más y que yo podría ofrecer?

  • ¿Cómo podría hacer eso? ¿A quién se lo ofrezco? ¿Cómo?

Podría seguir con las preguntas, ¿pero entendés de qué va esto?

Cuando empezás a pensar así, la tecnología se vuelve tu aliada, no tu competidora. Porque como ahora sos una empresa, vas a ver la tecnología, como la ve tu empleador: como una herramienta, una ayuda, una ahorradora de tiempo, una máquina de hacerte más eficiente.

De todo eso vamos a hablar en este libro. De cómo usarla.

Y si tu reacción a todo esto que digo es: “puedo pensarme como una empresa, pero soy un pigmeo al lado de estos gigantes”, no te preocupes.

Esta es una economía de pigmeos. De micro oferentes. De “mariposas” como decía Charles Handy.

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Pocas grandes empresas, pero millones de “independent contractors”, proveedores independientes, profesionales que trabajan a título individual, ofreciendo servicios a quién quiera y pueda pagarlos.

Por supuesto que el cambio es grande.

Lo otro te da una sensación de (falsa) seguridad.

Te dicen qué hacer y lo hacés. Listo. Tratando de que no se enojen para que no te despidan.

Esto es otra cosa. Parece más riesgoso. O que hay más incertidumbre.

Y quizás la hay, pero el empleo, ya ves, también tiene cada vez más incertidumbre.

Entonces ¿cuál es la forma de reducir la incertidumbre en este modelo?

Ser cada vez mejor en lo tuyo. Saber lo que vendés. Y por qué es valioso. Para quién. Y cuál es la mejor manera de ofrecerlo.

Ser cada vez una mejor “empresa de vos mismo”.

Todo eso que hace la empresa que era (o es) tu empleador.

Ahora te toca a vos.

Y en el resto del libro vamos a ir viendo como se hace.

MYB

Eduardo

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Por supuesto, sigue adelante.